Siendo psicólogo, a la gente le encanta preguntarme por claves mágicas para ser una persona feliz, sana y pulcra en sus relaciones. ¿Cómo llegar a ser feliz?
Voy a tratar de convertir los próximos 5 minutos en un mensaje que espero que te acompañe para siempre.
¿Existe una ley para ser feliz?
Las personas somos tremendamente simplistas: tenemos la tendencia a buscar leyes universales sobre el funcionamiento de las cosas. Si podemos agrupar y simplificar lo máximo posible, mejor.
En realidad, tiene sentido. También desde un punto de vista biológico. Estamos TAN rodeados de estímulos que literalmente no existe espacio en nuestra mente para procesarlos todos. Al menos, no todos a la vez.
¿Por qué buscamos leyes para ser felices? El funcionamiento del cerebro
Piensa en uno de tus antepasados corriendo en taparrabos por la selva: él está feliz, tranquilo, recogiendo frutitas para alimentarse él y a su familia y, de repente, a unos metros de distancia, ve la figura de un animal mirándolo fijamente. No lo reconoce, pero sale corriendo.
La realidad es que ese animal podría haber sido herbívoro. Podría haber estado simplemente ahí, pasando el rato. Pero, también, podría haber sido un depredador. Con el objetivo de sobrevivir, la cabeza de tu antepasado agrupó la información de la que disponía para mantenerlo a salvo.
Animal desconocido = peligro
Nuestro sistema operativo no se ha actualizado. Así es como seguimos funcionando, priorizamos la supervivencia por encima del bienestar emocional.
En el ejemplo que te cuento, tenemos un humano prehistórico recolectando. Pero lo cierto es que ese mecanismo se puede generalizar a personas, situaciones y emociones.
¿Cuál es el problema?
Que a día de hoy el peligro de muerte no es, ni mucho menos, tan inminente como podía ser para ese antepasado tuyo pero, nuestro cerebro funciona como si lo fuera. El objetivo de tu mente es optimizar todos los procesos posibles para ahorrarte malestar de la forma más eficiente que pueda.
Por ese motivo, las personas tenemos la tendencia a buscar explicaciones universales para todo. No es distinto con la salud mental; buscamos normas a seguir de la forma más sencilla posible para encontrarnos todo lo bien que podamos.
La terapia implica algo que el cerebro detesta
El punto clave es que, cuando hablamos de salud a nivel psicológico, hay una contradicción que a nuestra mente le cuesta mucho tolerar: el bienestar a nivel psicológico implica aprender a atravesar malestar, aceptar incertidumbre, limitaciones, marcharnos de sitios en los que queremos estar… El bienestar a nivel psicológico implica reprogramar la cabeza para que sea consciente de que puede atravesar situaciones difíciles y dolorosas sin que impliquen un peligro de muerte.
Aquí es donde viene el problema: muchas veces, acudimos al psicólogo o consumimos contenido divulgativo con el objetivo de, en el presente o en el futuro, protegernos de volver a sufrir por algo por lo que estamos sufriendo.
Y sí, hay muchas situaciones de las que podemos protegernos aprendiendo a vincularnos o a poner límites, por ejemplo. Sin embargo, lo cierto es que hay muchas situaciones que generan malestar y que son inevitables.
El fallo que te aleja de tu salud mental
Poner el foco en tratar de aprender a evitar esas situaciones a toda costa en lugar de aceptarlas y transitarlas, no solo no nos protege, sino que además hace que nuestra cabeza genere angustia en torno a eso que estamos evitando. ¿Qué crees que ocurrirá cuando mi cabeza se programe para ponerme en estado de alerta ante algo que no puedo evitar que ocurra? Bingo. Ansiedad constante. Lo que suelo encontrar en terapia. Te recomiendo leer: ¿cómo dejar de tener ansiedad? Las cosas que no te han contado sobre su tratamiento.
Vivir y relacionarse implica exponerse a sufrir. Es como cuando salimos a la calle: nos exponemos a que nos atropelle un coche. Podemos mirar antes de cruzar, pero poco más hay que podamos hacer para que no nos atropellen. La otra opción es no cruzar la calle jamás. Piensa tú mismo las consecuencias que tiene para una persona quedarse siempre en el mismo sitio para no sufrir un atropello. Desde luego, es menos probable que ocurra (siempre existe, aun así, la posibilidad de que algún loco se suba a la acera y me lleve por delante), pero lo cierto es que no podemos obviar las consecuencias que tendrá para esa persona quedarse siempre en el mismo sitio sin moverse. Limitada. Atemorizada constantemente, aunque nada esté ocurriendo.
Un error muy común que cometemos las personas a la hora de vivir es creer que la salud mental, la autoestima, la felicidad o la tranquilidad funcionan como una meta: se alcanzan y listo.
Falso. Puedes tener épocas tremendamente felices y tranquilas en las que te sientes genial contigo mismo, sucedidas de otras terribles en las que te resulta complicado mirarte al espejo y volver a estar genial un tiempo después.
¿Qué significa realmente tener buena salud mental?
La felicidad y la salud no son una meta, son un estado. Es decir, fluctúan. Cuando no están, se puede trabajar para conseguirlas de nuevo. Y, en muchas ocasiones, ese trabajo implica aprender a transitar los momentos emocionalmente complicados.
Hay cosas que se escapan de nuestro control y nos hacen sentir mal. Una buena salud mental no consiste en estar feliz todo el tiempo, consiste en tener las herramientas para aceptar, transitar y gestionar de una forma sana esos momentos que son emocionalmente complicados.
Lo que implica escuchar al propio cuerpo y cambiar de camino en función de las necesidades propias. Y eso, difícilmente tiene una fórmula exacta. La fórmula es precisamente esa: saber escucharme y atender lo que mi cuerpo necesita. Darle espacio para llorar, descansar, sufrir y enfadarse cuando le hace falta.
Aprender a vivir con la posibilidad de que ocurran aquellas cosas que nos da tanto miedo que pasen. Porque, en la práctica, esa posibilidad existe.
La terapia te ayuda a re-configurarte
Esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
Y esto es así porque el sistema nervioso se configura para entrar en estado de alerta en determinadas circunstancias.
Yo, que me apasiona trabajar con casos de ansiedad, recuerdo tener delante en consulta a personas con trastorno obsesivo compulsivo y ansiedad social que vivían una mirada sospechosa o no poder darle a un interruptor las veces que creían necesitar como si fuera el ataque de un león.
La ansiedad es un problema tremendamente absorbente. Estar preocupado constantemente por la posibilidad de que ocurra algo que nos da miedo te deja literalmente agotado. Un sistema nervioso que permanece alerta es un sistema nervioso que siente cansancio constante.
Si tu cabeza no para y te sientes incapaz de gestionarla, te recomiendo recurrir a la ayuda de un psicólogo. Y si es con uno de nuestro equipo mejor que mejor. Son profesionales maravillosos en los que confío ciegamente. Puedes acceder a nuestra agenda a través de este enlace.
Espero que este artículo te haya ayudado a comprender tu cabeza un poquito mejor.
Nos leemos pronto.





